martes, 14 de abril de 2015

La viuda





la Viuda, una mujer que murió ahogada al zozobrar su pequeña embarcación en el mar.

 Otros dicen que era una mujer que en su vida fue bruja, que al morir el amor de su vida, llena de ira y pena, decidió vengarse de todos los hombres, acto que continua haciendo después de muerta.

 Se la representa como una mujer alta, vestida de negro, con un manto que cubre su rostro, camina descalza, mostrando sus blancos pies.

Persigue a los jóvenes, a quienes atrapa abrazándolos por la espalda y con su pestilente aliento (al igual que la Fiora) los amenaza para satisfacer sus deseos carnales, pero pobre de aquel que se niegue, ahí lo abraza hasta morir. Los galanes tardan varios días en volver a estar lucidos tras el ataque de la Viuda, quienes aparecen caminado como perdidos, con sus ropas desgarradas y el cuerpo todo arañado.

Ella también suele merodear por las casas, si alguien la sorprende y le habla desaparece confundiéndose en la sombra. Suele perseguir a los jinetes; usando su poder obliga a detenerse al caballo, sube al mismo detrás del jinete; el caballo retoma el galope lo más rápido posible, con jinete en su lomo y la Viuda en sus ancas; y corre hasta el precipicio más cercano; la Viuda desaparece mágicamente mientras caballo y jinete caen al fondo del precipicio.

Se dice que viste de negro y que sus manos son solo huesos que queman con el frío al simple contacto. Su cabeza esta cubierta por un velo negro, pero hay algunos que aseguran que con la luz de la luna pudieron reconocer la imagen de una calavera. Hoy, a falta de jinetes, se encarama sobre los automóviles y asusta a hombres solitarios que viajan por los caminos con algo de alcohol; los carros se terminan saliendo de la vía y cayendo por los desfiladeros a lado del camino.

El mito de La Viuda tiene analogía con La Llorona, que es originario de México, se trata de una mujer, ya entrada en años que casa finalmente y tiene uno o varios hijos con el joven marido; una noche este regresa borracho y golpea a la mujer, que se defiende y le clava un cuchillo matándolo; la mujer huye con sus hijos, pero en su locura, los termina ahogando en el río; al volver a la razón, comprende su horror y se suicida vestida en traje de novia; hoy su alma sigue llamado y llorando a sus hijos. Y también se la relaciona con la calchona de Chile.

La calchona



 La leyenda dice que la Calchona originalmente fue una bruja que tenía un marido y dos hijos pequeños; teniendo su hogar en un campo de la zona central de Chile.

Sin embargo, su familia no sabía la verdad sobre que ella practicaba la brujería. En su hogar ella escondía varios frascos que contenían unos mágicos ungüentos (cremas), que al aplicarlas sobre una persona, permitían transformar un ser humano en el animal que eligiese. Se dice que todas las noches usaba su poder para que su marido e hijos no se despertasen en toda la noche, y por razones que se desconocen, la Calchona posteriormente realizaba el extraño rito de colocarse los mágicos ungüentos para transformarse en una gran oveja negra y salir a pasear por los campos hasta la madrugada; y recobrando su forma humana al volver a aplicarse sus ungüentos. Pero sucedió que un día que se le olvidó realizar el hechizo para hacer dormir; y debido a ello sus hijos la vieron transformarse.

Al ver la asombrosa transformación, ellos queriendo imitar a su madre se pusieron los ungüentos, transformándose en zorritos. Pero luego de realizada la transformación se dieron cuenta que no sabían como volver a ser niños, y por ello convertidos en estos animalitos se pusieron a llorar amargamente. Producto de los llantos, el padre también se despertó, pero su sorpresa fue enorme al no encontrar a su esposa e hijos; y ver en su lugar solamente a aquellos pequeños animales. Producto del amor a sus hijos y las historias que había escuchado sobre los ungüentos que utilizaban las brujas, logró imaginarse que aquellos frascos pudieran contener algún tipo de ungüento mágico y que aquellos zorritos eran posiblemente su familia. Así decidió probar aquellos ungüentos en los zorritos, los cuales inmediatamente se transformaron nuevamente en niños. Luego los niños le contaron que era su madre la dueña de los ungüentos.

El padre asustado y para evitar que les volviera a ocurrir lo mismo a sus hijos, decidió tirar el ungüento en las aguas de un río y alejarse todos de la casa. Posteriormente al regresar la Calchona a su casa, y aun estando convertida en una oveja negra, al ver que no estaba su marido e hijos, asustada comenzó a buscar sus ungüentos por toda la casa y sus alrededores; encontrando solamente los frascos casi vacíos. Así ella muy afligida, trato de utilizar los restos de ungüento para transformarse nuevamente en ser humano; pero sólo le alcanzó para transformar sus manos, rostro y cabello a su forma humana.

 Quedando para siempre convertida en ese animal mitológico. Por eso, cuando en las noches los campesinos sienten balar una oveja que vaga sola por los campos, ellos saben que se trataría de la mítica calchona; y como tradición se acostumbraría dejarle un plato con comida para que se alimente, ya que se dice que la calchona es totalmente inofensiva y estaría arrepentida de sus antiguos actos de brujería. También se dice que ella anda rondando por su hogar y que también le pusieron , La Calchona a un puente ubicado a las afueras del Barrio Norte de Talca.

El Súpay


 

Conocido también como Zúpay, los orígenes de esta criatura se remontan a tiempos incaicos, en donde su morada era denominada Supaihuasin, lo que en lengua quichua señala los infiernos. El súpay sería, entonces, el Diablo.

Deambula por las zonas del centro y norte del país. Se lo avizora en casi toda ocasión como un jinete de finas ropas negras, sombrero alado y adornos de oro y plata, como sus espuelas, puñal y fusta Suele aparecerse a los viajeros en las noches de los martes y los viernes, jornadas de las brujas por excelencia, y tras unas horas de sabrosa comida y bebida amenizadas con canciones que desgrana desde su guitarra con gran maestría, el súpay propone a su homenajeado un pacto, cuyo precio será su alma.

 A cambio, el tentado solicitante recibirá, por un tiempo, honores y riquezas. Una curiosidad del súpay es su guarida, llamada, al igual que la prestigiosa universidad española, Salamanca. Es una cueva subterránea en la que los adeptos al súpay concurren a aprender toda clase de encantamientos maléficos con los que arruinar la vida del prójimo.

jueves, 15 de mayo de 2014

Fantasmas de la ciudad



Los dos grandes cementerios de la ciudad –Recoleta y Chacarita– también tienen a una misteriosa «Dama de blanco». 

Pero en Chacarita existe la creencia de que esta mujer espectral consigue atraer a los incautos para que la acompañen al interior del gigantesco camposanto y allí acabar con sus vidas. Las guías turísticas de Buenos Aires destacan como punto de visita la «Torre Fantasma», en el barrio de la Boca. 

La leyenda sostiene que su inquilina, una pintora de nombre Clementina, residía en aquella torre en compañía de tres pequeños duendes. Muchos vecinos, al pasar por Almirante Brown, entre Wenceslao Villafañe y Benito Pérez Galdós, se persignan ante la posibilidad de que se les aparezca Clementina. Completan el mapa de apariciones las embajadas de Alemania y Perú. 

En esta última, ubicada sobre la Avenida del Libertador, se oyen ruidos de los muebles que se mueven solos en el altillo. La embajada alemana está cerca de la iglesia de San Benito y es famosa porque en sus jardines rondan luces misteriosas y extraños movimientos. 

 Pero tal vez el fantasma más original es el de una planchadora degollada por su novio. Sobre todo porque se aparece en una plaza muy frecuentada, junto a un solar conocido como parque Lezica, que se encuentra en la avenida Rivadavia. Los vecinos del barrio Caballito aseguran haberla visto en el parque, con su plancha en la mano y sin cabeza.

Los fantasmas del museo



 La barranca de Suipacha, entre Arroyo y Avenida del Libertador, estaría encantada. En el siglo XVII, en ese solar funcionaba una compañía importadora de esclavos. Hoy, aquellas víctimas serían almas en pena que aparecen por el Palacio Noel, residencia construida en 1920 donde funciona desde 1937 el Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco.

 Siempre pasaron cosas raras en esa cuadra y, más aún, en la hermosa y escalofriante propiedad. Los testigos no son las malas lenguas, sino figuras de la política y la cultura mundial. En 1928, el entonces presidente de Estados Unidos Herbert Hoover fue alojado en la residencia y declaró haber escuchado lamentos durante la noche.

 Los miembros de su comitiva juraron haber visto una figura que paseaba cerca del aljibe. Corrían los años ’40 cuando el poeta Oliverio Girondo y su esposa, Norah Lange, que vivían en la casa de al lado, contaban anécdotas de presencias extrañas. Cuando iba Manuel Mujica Lainez, nunca quería quedarse solo. En enero de 1989, el Ballet Hispania de Graciela Ríos Sáiz ensayaba en el patio cuando apareció una figura femenina que de pronto se desvaneció. Muchos aseguran haber hablado con un fantasma que se describe como una joven de 17 años muerta de tuberculosis que vivió en el lugar cuando el terreno pertenecía a la parroquia del Socorro, a inicios del siglo XIX. Escalofrío de por medio, su existencia consta en actas. Se cree que en el museo habitan los espíritus de quienes fueron dueños de los objetos expuestos y se cuentan diversas historias, pero las autoridades prefieren enfocarse en la calidad de sus muestras, que también es innegable.

Durante enero y febrero se puede visitar la colección permanente, que cuenta con platería de Potosí, figuras jesuíticas y arte decorativo peruano entre otras maravillas que brindan un panorama de los ámbitos culturales sudamericanos. Los visitantes pueden disfrutar, además, de los amplios jardines. Si se animan.

El Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco queda en Suipacha 1422 y está abierto de martes a viernes de 14 a 19 hs. y los sábados, domingos y feriados desde las 11.

Fantasmas y leyendas





 “El Quemadito es el primer santo popular argentino y sólo una cruz de madera con un tarrito de hojalata le hace homenaje en Catamarca”, asegura Luciano Saracino en su libro Guía de la América misteriosa, que desgrana creencias populares del imaginario colectivo del continente americano.

“No hay nada más antiguo que la fascinación por lo que no podemos entender. Y no hay nada más moderno tampoco”, indica el autor en la presentación de su obra. Saracino es un amante de los viajes y la escritura y es por eso que combinó sus dos pasiones en una veintena de libros traducidos a varios idiomas en los que cuenta lo que fue viviendo en distintos lugares.

“Antes viajaba para escribir y ahora escribo para viajar”, asegura el escritor. “Cuando era más joven me calzaba la mochila y las botas cada vez que tenía alguna excusa y viajaba por América latina porque es un territorio muy interesante”, explica, y precisa:

“En esta obra el viajero puede encontrar, al igual que las clásicas guías de turismo, qué historias relata la gente en cada uno de los rincones que recorrí, entre otras rarezas”.

“En la Argentina nos encontramos con santitos populares (que en vida fueron anarquistas o esposas de presidentes, cantantes de cumbia o víctimas inocentes), la mayoría alcanzados por una muerte trágica y venerados por los más diversos estratos sociales, mezclados de una manera armoniosa con un batallón de fantasmas ciudadanos y rurales, aparecidas y hasta platos volares”, detalla.

 En Buenos Aires y sus alrededores también hay historias por contar. La de Felicitas Guerrero que tiene su iglesia en el barrio de Barracas, el Golem de Once que hace las veces de justiciero, los objetos malditos del Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco y los fantasmas que habitan la isla Martín García son algunos de los mitos por los que transita el autor en su libro. Historias inquietantes, de distintos puntos del país, también son descritas por Saracino en esta obra editada por Kier.

Sus páginas cuentan sobre la hamaca que se mueve en la localidad santafesina de Firmat, los platos voladores de Córdoba o el alma de los caudillos fusilados del Litoral. Cruzando el charco, ya en tierras orientales, aparecen leyendas como las sirenas del río Uruguay o la “La casa de la degollada”, donde vivieron una historia de amor un potentado y una bella mujer veinte años menor que él. Un día la dama desapareció y se dijo que había viajado a Europa, a donde la siguió su esposo.
 Pero en la casa se empezaron a escuchar gritos escalofriantes y los empleados que quedaron en ella murieron uno tras otro. Años después el cuerpo de la mujer se encontró lapidado tras una falsa pared, ahondando el misterio.

 Pero éstos no son los únicos fantasmas de nuestra América. En el museo de Lora, en Chile, está el hombre alto que espanta a los visitantes hasta tirándoles del pelo, hay duendes que pellizcan a quienes caminan por la calle en Bolivia y hasta un centro energético denominado “Un altar con sangres frescas” en México, entre otros ejemplos incluidos en este libro lleno de misterios de nuestro continente.

Curandero


Imagen ArteMaya


 El curanderismo es una parte importante de la tradición latinoamericana de la curación folklórica que incorpora el uso de hierbas, masajes y rituales al igual que el espiritualismo y misticismo, en sus prácticas. Se cree que los curanderos tienen un don divino para curar, el don de Dios. La teoría motora detrás de esta práctica es que Dios puso en la tierra hierbas curativas, después seleccionó ciertas personas para canalizar Su gracia curativa. Los curanderos creen que la recuperación del paciente depende totalmente del deseo de Dios.

Hay tres tipos de curanderos: el yerbero, la partera y el sobador.

 Principios Básicos del Curanderismo

 *Sobrenatural: Algunas enfermedades son naturales (más densas)(diabetes), mientras que otras son sobrenaturales (más sutiles) (el mal de ojo), sin embargo, todas las curas se realizan a través de métodos sobrenaturales. (sutiles)

*Balance: La salud depende de un equilibrio entre lo frío y lo caliente. Las enfermedades, la comida, las etapas de la vida y las medicinas se caracterizan por su grado de calor. (Esta creencia es similar al concepto que se encuentra detrás de las dietas macrobióticas). Para restaurar el equilibrio, las enfermedades "calientes" son tratadas con remedios "fríos", y viceversa. Por ejemplo, la hipertensión es una enfermedad "caliente", causada principalmente por los corajes o sustos. Los remedios fríos como los plátanos y el jugo de limón se utilizan para curar la enfermedad, como también los tés de tila.

 * Las enfermedades se clasifican de la siguiente manera: - Naturales: principalmente causadas por la falta de equilibrio. Se utilizan hierbas y limpias como tratamientos primarios, al igual que una dieta recomendada para el paciente. - Sobrenaturales: causadas por uno mismo, por un desequilibrio espiritual. La forma más usual del tratamiento es intentar regresar el alma y sacar el mal sobando un huevo sobre el cuerpo del paciente. El huevo toma la mala energía, la cual es eliminada cuando el huevo se rompe. 

 Las dolencias sobrenaturales debido a la brujería son los aspectos más sensacionales del trabajo del curandero. Una vez que éste atribuye la enfermedad a algún tipo de hechizo, deberá determinar que tipo de brujería debe utilizarse para contrarrestarlo. Los tratamientos incluyen eliminar el hechizo, o en algunos casos extremos, atrapar y matar a la bruja responsable de éste. (Mientras que algunas fuentes del curanderismo piensan que estas causas sobrenaturales son producto de la brujería, es importante tomar en cuenta que otras fuentes creen que no es una manifestación de la brujería).

El quemadito


 

En la memoria de muchos pueblos argentinos quedan aún los recuerdos de numerosos santos paganos que, si bien actualmente no tienen tantos seguidores, fueron objeto de gran devoción. “El Quemadito”, en la provincia de Catamarca, es un santo popular que nace a principios del siglo XIX en medio de los enfrentamientos entre unitarios y federales, y que hace referencia a José Carrizo, un prisionero que fue arrojado vivo a la hoguera en una zona del antiguo Camino Real, donde fue colocada una cruz y los lugareños lo convirtieron en altar. La historia comienza después de la derrota de Oncativo cuando los unitarios asumen el poder en Catamarca y persiguen a los federales. 

En esas circunstancias hacen prisionero a José Carrizo y lo acusan de ser espía del General Quiroga. Se lo arrojó vivo a una hoguera, muriendo quemado. 

Se supone que este hecho tuvo lugar en el antiguo camino real entre Miraflores (Capallán) y Huillapima, y allí se erigió una cruz de madera clavada en el tronco de un quebracho que se conoció como "la Cruz del Quemadito". 

Frente a esta cruz los lugareños rezaban y prendían velas pidiéndole, sobre todo, hallar sus animales.

lunes, 14 de abril de 2014

Ruego a Santa Marta Dominadora

 




Santa Marta La Dominadora, 
haz que la culebra no decienda ahora.
Salve La Morocha,
Salve La Morena,
Dios Salve a la Morocha,
Dios Salve a la Morena,
Santa Marta la Dominadora.




"Oh Santito de las Pampas injustamente humillado levantaté de tu tumba lejana y compadece ante mí para que pueda pedirte lo que se deseo. Yo te prometo a cambio ser generoso y solidario con quiénes más lo necesitan. Amén"


“En los Esteros del Iberá se cuenta la historia de este Santito… dicen los lugareños que hace 150 años aproximadamente, había una prisión en donde estaban los leprosos. Por miedo al contagio, los tenían alejados de los otros reclusos. En el pueblo había un médico brujo, unos dicen que fue un monje Franciscano o un monje Jesuita, que cuando desde España los expulsaron de la zona, él se quedó en el lugar para ayudar a los indígenas. Este brujo tenía poder para curar, con yuyos, curaciones “de palabra” y con oraciones, también les daba un agua curativa y entraba en la celda de los leprosos a ofrecerles agua. Este monje a toda la comunidad le daba su ayuda para curar males del cuerpo y males espirituales, sacar “algún daño”, o curar el “ojeo”. Cuentan también que el brujo se hacía de tiempo para ir hasta la orilla del río y sentado bajo un árbol ponerse en cuclillas a meditar mirando correr el agua. Hasta que llegaron al lugar los sacerdotes cristianos, que volvían a retomar lo que empezaron los misioneros de antes. Estos sacerdotes al enterarse de la presencia del brujo, junto con las autoridades lo pusieron preso y lo encerraron en la celda con los leprosos. No puso resistencia se dejó que lo encierren, pero protestó haciendo ayuno de pie, apoyado en un bastón, hasta que la muerte le llegó. Dicen que nadie se había dado cuenta de su muerte hasta luego de un tiempo abrieron la puerta de su celda y lo encontraron muerto, de pie con su túnica negra, apoyado en su bastón, sus carnes estaban consumidas, era solo su esqueleto cubierto por la piel”. De acuerdo con los actores sociales, el apodo de Señor de la Muerte se debería a que el monje se ocupaba de las personas con lepra, que en esa época no tenía cura y era una sentencia de muerte. Por otro lado, El Gauchito Gil, cuyo nombre cuentan los entrevistados habría sido Antonio Gil, es un santo canonizado por el pueblo, que vivió alrededor de 1830 a 1870 en Mercedes, provincia de Corrientes. El contexto histórico en el cual se produce su aparición, hace referencia a tiempos en que el escenario político se encuentra cargado de constantes luchas entre los caudillos de las provincias del Litoral Argentino y el gobierno de Rosas, que detentaba un poder central y hegemónico en Buenos Aires, al que se oponían los habitantes del interior del país. Asimismo, en Corrientes el enfrentamiento civil se da en un marco de bipartidismo en el que dos organizaciones antagónicas, Colorados o Autonomistas y Celestes o Liberales pugnaban por el poder político provincial. Finalmente, cabe señalar que el rol de Corrientes fue central en cuanto al estacionamiento y organización de tropas en relación con la guerra de la Triple Alianza, que culminó con la derrota del mariscal López, presidente del Paraguay. Mientras que el conflicto entre Buenos Aires y la Confederación se resuelve en la batalla de Pavón, después de la cual Mitre logra el apoyo del litoral y asume el poder ejecutivo. En estas instancias (1862- 1880) comienza a gestarse y consolidarse la unidad nacional y se dan los últimos intentos de resistencia por parte de los Caudillos del interior a la política de Buenos Aires, el riojano Chaco Peñalosa, lleva a cabo un levantamiento que fue sofocado por Mitre en 1863 y otro intento fue el de Felipe Varela 1866, derrotado por lideres santiagueños aliados a Mitre (Salvatore, 1998). Entre los informantes calificados que se entrevistaron en el santuario seleccionamos el relato de Vilma, vendedora de velas en un puesto del lugar, quien nos cuenta: “Antonio Gil, se enamoró de Doña Estrella Miraflores, dueña de una estancia donde trabajaba la madre de Gil, un policía de la zona que también pretendía a la viuda, comenzó a perseguirlo hasta que finalmente se trenzaron en una pelea. La leyenda da cuenta que El Gauchito dominó al policía con su mirada y teniendo la posibilidad de matarlo no lo hizo, a partir de ahí, comienza su vida fuera de la ley, acusado de atentar contra la autoridad. Encontrándose prófugo, cuando volvió a su lugar de origen después de las guerras civiles, fue reclutado por el jefe militar de la zona para luchar contra los federales. En Los Palmares, el Gauchito Gil tuvo un sueño en el que se le aparecía el Dios Guaraní Ñandeyara, diciéndole: "No quieras derramar la sangre de tus semejantes". Ese día desapareció del campamento y se convirtió en desertor. Perseguido por la autoridad, anduvo por los montes y formó una banda de cuatreros. Se corrió la voz de que despojaba a los ricos para repartir entre los pobres. Una tarde, estaba descansando cuando él y quienes lo acompañaban, fueron sorprendidos por el ejército, sus compañeros fueron abatidos a trabucazos en el momento y se cuenta que a él lo salvó un amuleto de San La Muerte que llevaba al cuello colgado de una cadena. En ese momento se entregó para evitar derramar más sangre siendo conducido ante el coronel que lo había reclutado y éste le propuso eximirlo de su castigo si se reincorporaba a sus filas, al negarse lo enviaron a Goya para ser juzgado y condenado a la pena de muerte. El 8 de Enero de 1874, a pocos kilómetros de Mercedes, la partida que lo conducía para ser juzgado se apartó del camino y fue colgado de un árbol de algarrobo por los pies para evitar el poder de su mirada, Gil antes de morir anunció que el coronel lo tenía en aprecio y que estaban cometiendo un error si lo mataban y dijo al sargento a cargo que pronto uno de sus hijos enfermaría gravemente, al terminar sus palabras lo degollaron y murió. Después de este momento sus matadores regresaron a Mercedes y se enteraron de la verdad de las palabras de Gil. El sargento recordó sus palabras y solicitó permiso para visitar a su familia; al llegar a su propia casa recibió la noticia de que su hijo estaba gravemente enfermo, con fiebre altísima y sin salvación. De rodillas le pidió al Gauchito que intercediera ante Dios para salvar la vida de su niño y le suplicó perdón por sus actos. A la madrugada el milagro había sido concedido y el sargento lleno de alegría construyó con sus propias manos una cruz con ramas de ñandubay y se dirigió caminando hasta el lugar donde había matado a Gil”. Desde ese momento y hasta hoy se hace un alto en el camino para pedir y dar gracias a Dios, por su intermedio. Los peregrinos y devotos desde entonces son cada vez más numerosos, miles de personas se acercan a visitar al santo, a tocar su Cruz de madera, prenderle una vela colorada o plantar una bandera colorada con los nombres de las personas a las que se le pide que proteja o para dar testimonio del milagro realizado por el Gauchito. En ese mismo lugar sus milagros empezaron a sucederse y la gente que ya creía en él como en una buena persona, sensible, afanoso por lograr la justicia en sus actos e inspirarla en los ajenos, amante de la libertad y de la vida, orgulloso de su estirpe y su tierra, de su gauchaje, aquel del que era parte, dolida por su asesinato lo acompañó y vio con asombro y devoción que su gracia estaba con ellos. Los pedidos se acumularon y las bendiciones y milagros comenzaron a llegar. Su fe se extendió ya no sólo en Mercedes que fue su cuna, su nombre y sus colores acercan la fe en un culto sin fronteras (Pascuchelli y Funes, 2007). La descripción que se hace en el relato denota que Gil era en vida un hombre santo, en tanto recibe indicaciones de la deidad sobre la conducta que debe asumir, supera la muerte bajo la protección de la imagen del Señor de la Muerte, otro hombre santo, posee un poder especial en la mirada que le permite dominar a sus contendientes y detenta la capacidad de clarividencia que le permite anunciar el aprecio que sentía por él el jefe miliar que había ordenado su traslado a Goya, la enfermedad que padecería uno de los hijos de su verdugo, así como el carácter de error con que sería juzgado su asesinato. Ni bien muere, concreta su primer milagro, curando al niño cuyo grave padecimiento había predicho. Convirtiéndose este episodio en el modelo arquetípico de la relación que el Santo popular mantendría con los hombres tras su muerte transformado ya en personaje mítico. Fuente :mariangeles fones

Gauchito Gil

La maldicion del Gauchito Gil

Machera el santo malandro

Maria Lionza