domingo, 24 de febrero de 2008




HISTORIA DEL TATA EKEKO. DIOS DE LA ABUNDANCIA


El nacimiento del dios de la abundancia se remonta a épocas ancestrales, está demostrado que en la cultura Tiwanacota ya existía, ya que hay pruebas en las pequeñas estatuillas trabajadas en arcilla y piedra con figuras de engome rojo, negro y blanco, como la pieza que se conserva en el Museo de la Casa de Murillo.
El Ekeko a través de las leyendas y tradiciones, se lo conoce con varios nombres, como Tunupa, Ekako, Ekeko, Anchancho, pero lo más popular es “Equequo”, ya que es considerado como una divinidad de la abundancia, explicó, Emo Valeriano, antropólogo aymará
En cada época, el rostro y la indumentaria del Ekeko cambió, antes era moreno, ahora es blancon; pero lo que conserva permanentemente es su gordura y su alegría.
Hace 10 años atrás tenía la figura de un aymará y cargaba en sus espaldas ovejas, burros, papa y chuño. Ahora es un mestizo, tiene su bigotito, es blanconcito, carga computadoras, televisores, autos, pasaportes y maletas de viaje, todo lo que produce el hombre.


En cuanto a la adquisición de los pequeños objetos, antes se hacia el trueque de illas (amuletos), “tu me das una cosa yo te doy otra”, conocido como el “uta alaqt’asiña.
De acuerdo a las tradiciones conservadas, las miniaturas que se traducen en las ilusiones y esperanzas de los hombres, se debe comprar a las doce en punto con toda la fe, de lo que una persona es capaz de sentir y tener. Luego se ch’alla, que consiste en compartir una bebida: la naturaleza, el objeto y la persona”,
SEGÚN OTRA HISTORIA: EL EKEKO VIVIÓ EN LOS NEVADOS

Los nevados de la cordillera Occidental y Oriental de Bolivia fueron el hogar de muchas personas pequeñas. Estas montañas que rascan las nubes andinas sirvieron de hogar a hombrecillos pequeños en tamaño, pero con un olfato muy desarrollado.
Enterados de estos dones, los españoles les conquistaron con frutas y comida para que detecten con su olfato los tesoros escondidos de los pueblos originarios. Sin embargo, los curas, quienes en su afán de enriquecerse, los utilizaban como guías para detectar el oro y la plata, nunca los castigaban, eran muy estimados, por eso su carácter pacífico y sensible.
La codicia de sus amos, no tuvo limites, fueron trasladados de ciudad en ciudad; de los valles al altiplano, lo que provocó que en poco tiempo contrajeron enfermedades que no pudieron curar. No pudieron aguantar los males y sus pequeños cuerpos sucumbieron para ser enterrados en grandes chullpares, junto a sus riquezas y pertenencias, nadie se atrevía a profanar estas tumbas ya que los gases contenidos eran venenosos y podían contagiarse de la mortal enfermedad que los exterminó.
Los sobrevivientes, abandonados por sus circunstanciales amigos, con mucha hambre y tras una larga enfermedad, bajaron de las montañas en busca de alimentos.
Muy pronto se percataron de su presencia, eran gordos, pequeños y venían cargando sus pertenencias. Llevaban a cuestas sus ollitas, latitas y ropas amarrados con pita (cordones de hilo).
Las khateras o vendedoras de los mercados empezaron a endiosarlos, se dieron cuenta que si a estos hombres les daban de comer, les iba bien en la venta, sobretodo en sus ganancias.
No se sabe cuando murieron, pero comenzaron a aparecer cientos de estatuillas, trabajadas en piedra, arcilla y yeso, a los cuales le dieron el nombre de Ekeko y son adorados con mucha devoción, “Estuvieron en vida aquí, ahora han sido reemplazados por los detectores de oro y plata” concluyo, Mario Colque, Artesano de El Alto.

Descubriendo el misterio del EkekoLa Palma
Friday, January 21, 2005
Herramientas, comestibles, muebles, lavadoras, y hasta computadoras en miniatura son algunos de los obsequios predilectos que los pobladores de La Paz, Bolivia, obtendrán este lunes, para complacer al "Ekeko", con la esperanza de que la pequeña deidad cumpla sus más fervientes deseos.
Conocido como el "dios de la abundancia," el Ekeko es un gracioso hombrecillo, rechoncho, pícaro y fumador, altamente venerado en Bolivia y en algunas regiones de Perú y Argentina.
Aunque su imagen suele variar, es fácil encontrarlo cargado de cosas, ataviado de su multicolor vestuario tradicional boliviano, con todo y lluchu (una especie de capucha de hilo) y sombrero.
Algo muy peculiar de este personaje es precisamente la enorme cantidad de productos y objetos de la vida cotidiana que cuelgan de sus ropas, y el cigarrillo que permanece humeante entre sus dientes.
El Ekeko es una figura ancestral de la cultura incaica, venerada desde siglos antes de la Conquista. Sus seguidores le adoraban, pues se creía que, como el dios de la prosperidad y la fortuna, ahuyentaba la desgracia de los hogares y atraía la fortuna.
Se piensa que existía y que se originó dentro de la civilización Tihuanacu, la cual habitaba en la zona del Altiplano y el Lago Titicaca. Al llegar los incas, estos adoptaron la imagen, y la convirtieron en una importante deidad de la fertilidad y la buena suerte.
En sus inicios, el Ekeko era de piedra, jorobado, tenía rasgos indígenas y no llevaba ningún tipo de vestimenta; su desnudez era símbolo de sus poderes de fertilidad.
Durante la colonización, los españoles intentaron erradicar su devoción, pero los indígenas se resistieron. Eso sí, la imagen sufrió ciertos cambios, entre ellos, su desnudez fue cubierta y sus rasgos alterados, ahora más mestizos.
La Iglesia Católica también intentó prohibir su culto, y al no lograrlo, aceptó al Ekeko como parte indeleble de la cultura boliviana.
Hoy en día, quizá muchos de sus fieles no recuerden sus orígenes, sin embargo, creen ciegamente en su "amistad" y en sus "milagros".
Y es que al Ekeko se le atribuyen diversos "poderes". Además de buena suerte, se cree que el simpático personaje es capaz de materializar los deseos de las personas si estos le obsequian un ejemplar en miniatura de los mismos.
Muchos tienen en sus hogares un Ekeko, sobre todo las personas de pocos recursos. Con la esperanza de que su amigo Ekeko resuelva sus problemas y mejore su situación económica, ellos a cambio lo consienten, adornan su entorno con billetes y monedas en miniatura. Además, satisfacen el gusto de su amigo por el cigarro, al mantenerlo siempre humeante, teniendo cuidado de que se apague antes de llegar a la mitad, ya que esto le causaría un disgusto al hombrecillo, y resultaría en un mal augurio.
Pedirle favores al Ekeko es cuestión de cada día para los bolivianos, pero el 24 de enero, la práctica se intensifica. En esta fecha comienza la celebración de la Feria de Alasitas, una feria de miniaturas artesanales, inspirada y creada precisamente en torno al diminuto "dios de la fortuna, la alegría y el amor".
Aquellos que quieran mimar a su hombrecillo acuden a la feria en La Paz, para adquirir todo tipo de minúsculos objetos, todos aquellos que se desean obtener durante el año.
Para el amor, se obtienen miniaturas de gallos y gallinas, símbolos de la pareja ideal.
Las miniaturas suelen ser de cerámica, pero las hay de metal y hasta de piedra, y pueden ser desde automóviles, electrodomésticos, y víveres, todas pequeñas obras de arte, reproducciones exactas de los objetos reales.
Todos estos pequeños bienes se adquieren y luego, al mediodía del 24, se ch'alla, se acude a la "bendición" de los objetos por personas especializadas que rocían alcohol, vino y hasta pétalos de rosa sobre ellos para que los deseos de sus dueños se hagan realidad.
Muchos, después de este ritual, acuden a las iglesias católicas donde sacerdotes se encargan de bendecir a las personas con agua bendita.
Los bolivianos regresan a sus casas y con fervor, cuelgan las miniaturas en los hombros del hombrecito y encienden su cigarrillo, con la esperanza de que este cumpla sus peticiones.
Es así como una tradición prehispánica ha logrado sobrevivir el paso del tiempo, y permanece vigente, manteniendo vivas el encanto y la esperanza de un pueblo que ha encontrado la manera de vivir con humor y alegría a pesar de la adversidad.

LA CAÑA CON RUDA



La Caña Con Ruda
En toda el área guaranítica, y allí donde esta cultura ha calado en su expansión, con actitud casi religiosa, se cumple el rito de beber “caña con ruda”, todos los 1º de agosto.
 El preparado, para combatir lo supuestos males que podrían venir con este mes, se elabora días antes, y debe ingerirse como primer alimento del día. En la actualidad se ha “modernizado” en sus componentes. Del licor fabricado con chañar, algarroba, patay o tunas, se pasó a la caña (la más popular es la caña paraguaya) y el lugar de la “contrayerba” (mezcla de hierbas medicinales) ahora es ocupado por la ruda.
Según cronistas de la conquista, en esta época del año (agosto) se producían grandes lluvias, las que, agregando el frío estacional, provocaban enfermedades, algunas epidemiológicas. Muchas aldeas se diezmaban a causas de las pestes. Los nativos encontraron la forma de combatir los males. A través de sus chamanes elaboraron el remedio consistente en mezclar hierbas con licores, del cual debía beberse un trago al comenzar la estación de las lluvias chaqueñas (hablamos del Chaco Gualamba).
El encuentro de culturas, generó la predominancia de la conquistadora que cambió los componentes, llegando a nuestros días tal como se la conoce. Aquel que no compra caña en los comercios, mezcla agua potable con alcohol etílico en proporciones que varía según el gusto, le agrega hojas de ruda maceradas, y se colorea el compuesto con azúcar quemada. Más cerca en el tiempo, los “gringos” le agregan cáscara de naranja al quemar el azúcar. El preparado debe estacionarse varios días, para permitir la conjunción de las sustancias que componen el remedio.
La moderna medicina, aconseja vacunar a los ancianos y a las personas de bajas defensas, al llegar el invierno, para evitar la gripe. Es posible que se hayan operado cambios climáticos importantes, que trasladaron en el tiempo, la práctica cultural.
La imaginería guaranítica le adosó virtudes a los componentes y al compuesto mismo. Desde afirmar que una ramita de ruda colocada debajo de la almohada del cónyuge poco cariñoso, cambia su actitud haciéndolo mimoso, hasta llevar una rama en la oreja para calmar los dolores menstruales. Algunos médicos antiguos han hablado de las virtudes de la ruda para calmar la fiebre producida por picaduras de avispas, hasta ser efectiva para demorar los efectos del veneno inyectado en una mordedura de víbora.

EL "MAL DE OJO"







El mal de ojo

El ojeo es una de las supersticiones más arraigadas en las zonas rurales, sectores periféricos de las grandes urbes y pequeños poblados de nuestro país. La mirada fuerte y dañina es una creencia que tiene sus antecedentes europeos, según testimonio de W. Born en su obra Fetiche, Amuleto y Talismán, donde da incluso una serie de recetas para conjurar el poder de aquellas personas que tiene el poder del Basilisco en la mirada. Los estudiosos del Siglo XVI arribaron a la conclusión de que el vicio fascinador de los brujos se debía a la colaboración del diablo, que las brujas tenían doble pupila en la misma órbita (única manera de tener tanto poder en la mirada) por lo tanto debía evitarse mirarlas fijamente. Tanta divagación intelectual tenía un trasfondo religioso, que llegó a nuestras costas con el desembarco de Cristóbal Colón en 1492.
Siguiendo con los antecedentes europeos de esta superstición, afirmaban los eruditos del tema que la peligrosidad de los brujos variaba según fuera el país al que pertenecían. De los brujos italianos se decía eran terribles, que causaban la muerte de personas, plantas y animales aún sin desearlo, bastaba que se los cruzaran en el camino (es decir si se enemistaban con ellos). No menos temibles eran los españoles. El fluido que emitían sus ojos era de tal poder, que con mirar fijamente las ventanas de una casa los cristales se hacían añicos. Los irlandeses hablaban de los eye-biters, literalmente: mordedores de ojos. Brujos poderosísimos que diezmaban el número de hijos y de cabezas de ganado que poseían las familias campesinas. Un brujo ojeador podía producir infinitas calamidades en un pueblo. Las vacas quedaban sin leche, se prendían fuego los pajares sin causa aparente, las casas enloquecían con ruidos y movimientos que terminaban por enloquecer a sus moradores. Y si a alguno se le ocurría mojar su escoba en el agua, en luna llena, cerca de un poblado, sobrevenía entonces un verdadero diluvio. Nótese, como esta creencia está relacionada con el rechazo social que provocaban algunas personas excéntricas entre sus comunidades.
Durante la Edad Media numerosas piedras eran tenidas por eficaces contra el mal de ojo. Entre ellas la más buscada era el coral. En el siglo XVIII, el rey de Nápoles, Fernando I, llevaba entre sus ropas, a modo de amuleto un pedacito de coral. Cuando estaba frente a alguien que le hiciera sospechar que fuera jettatore, sacaba el coral y se lo ponía en la cara, anulando así la fuerza de esa mirada. También por esa época eran apreciados anti mal de ojos algunos insectos, fundamentalmente los escarabajos. A tal punto que en Francia, hacia el fin del reinado de Napoleón, era sumamente raro encontrar en las fiestas del pueblo a algún ciudadano que no llevara prendido del chaleco o de la camisa a alguno de estos coleópteros a manera de talismán. Tal vez el amuleto más conocido para alejar la yeta o el mal de ojo sea la mano cornuda, los populares cuernitos, en realidad una mano talismánica. Esta manera de defenderse puede llevarse encima, como un colgante, en general de coral, o realizar el gesto a la manera italiana (el dedo índice y el anular extendidos y el resto contenidos por el pulgar) en el momento en que se haga necesario. También el cuerno (uno solo) es llevado como colgante para preservar de ojeaduras a los niños o las embarazadas. En Calabria se pintaban cuernos retorcidos en la fachada de las casas o de los establecimientos comerciales. La evolución de las creencias populares, hizo que en la actualidad, en el mundo latino, se asocien los cuernos con la infidelidad de la pareja. En Toscana, el coral es la fórmula mágica para alejar el mal de ojo. Se ata una pequeña bola de ese material al cuello de los niños recién nacidos, y a veces las madres llegan a beber agua con coral molido o hervido, antes de dar de mamar a sus pequeños.
Para saber si alguien ha sido presa del Mal de Ojo, se procede de la siguiente manera: se sienta al supuesto “ojeado” frente a un plato con agua y se dejan caer unas gotas de aceite en el agua. Si el aceite se disgrega en una cantidad de pequeñas gotas (se corta) el veredicto es clarísimo: esa persona está ojeada. Para curarlo, de inmediato debe hacerse un brebaje con 3 dientes de ajo pelados, la miga de un pan y 2 litros de vino. Todo esto se cocina hasta que hierva y espese al punto de poder usarlo como un emplasto. La mezcla se coloca entonces sobre el pecho del enfermo y éste recuperará el vigor. Se supone que uno de los efectos de Mal de Ojo consiste en “enfriar” la sangre del ojeado, quitándole la energía, produciéndole sueño y abulia, además de la consabida mala suerte.
Según la creencia un defecto en la vista, por ejemplo ser bizco o estrábico, es un signo claro de ser portador de esta mirada nefasta. Pero también puede hacerse mal de ojo cuando la mirada expresa amor o admiración elocuentemente, por eso tal vez las madres campesinas cuidan de no exponerlos a miradas curiosas a sus hijos cuando son hermosos. Por supuesto que la realidad desmiente toda lógica de estas creencias. Se imaginan que los actores, actrices, vedettes, cantantes, o personas expuestas a la admiración masiva encontrarían en algún momento algún portador de la mirada fascinadora y les causaría un daño enorme porque éste actuaría en el anonimato.
Es común en las zonas rurales de Argentina, y en pequeñas poblaciones, que las madres lleven a sus hijos a consulta al “médico” (curandero) cuando sospechan que están ojeados. Dicen que los “doctores” (médicos diplomados) no pueden curar este mal y que muchas veces ellos mismos le aconsejan que los lleven ante un médico. Escuché decir que si sus hijos son ojeados no se les cierra la “mollera”, que lloran ininterrumpidamente debido a los fuertes dolores de cabeza que provoca el ojeo.

LA TELESITA



La Telesita

Cuenta la tradición que Telésfora Castillo, a quien llamaban Telesita, había nacido en Tolojona, en la costa saladina de Santiago del Estero. Era de extraordinaria belleza y ambulaba constantemente por el interior de los bosques, frecuentando algunos boliches donde cantaba y bailaba, habiendo quien asegura haberla visto en la misma ciudad de Santiago del Estero. Los paisanos se acostumbraron pronto a la Telesita, a quien querían por su bondad y sencillez. Pero un día -ellos lo dicen- amaneció quemada en un rancho, habiendo quien afirma haberla hallado muerta en una acequia a tres leguas de la ciudad de Santiago del Estero. Lo cierto es que después de su muerte, la Telesita estaba más cerca de los campesinos que antes y se le han atribuido milagros sorprendentes. Se encomendaban -y aún lo hacen- a ella, ofreciéndole un baile con bombo y violín. Y aseveran que así que se producía una pérdida de algún vacuno o prendas de valor eran robadas se hallaban indefectiblemente después de ofrecerle un baile en el que abundase el aguardiente hervido con poleo. Las reuniones que se hacen en su homenaje se llaman de todo el país, sobre una u otra canonización popular, las conferencias y mesas redondas, así como los libros editados para difundir su conocimiento, algunos exclusivamente sobre una sola canonización, como ha ocurrido con la Difunta Correa, Pancho Sierra o la Madre María.Telesiadas, y se llevan a cabo en la casa del que ofrece el baile. Se prepara un muñeco de papel o trapo y se lo coloca sobre una mesa o catafalco, simulando así el cuerpo de la Telesita. Cuatro o cinco velas puestas a su alrededor se encienden antes de comenzar el baile. Cuando éste se inicia, el promesante y su mujer bailan siete chacareras seguidas, y entre una y otra se bebe una copa de caña o aguardiente (los dos danzarines). Después se generaliza el baile y corre abundante la caña, cerveza o vino u otra bebida cualquiera. La música se ejecuta especialmente en los siguientes instrumentos: caja, bombo, violín y guitarra.Las canciones que tradicionalmente se tocan son chacareras, zambas, gatos, etc. También se escuchan "coplas al angelito", es decir, no alusivas a ella. La fiesta termina a la madrugada, hora en que la imagen de la Telesita es quemada ritualmente, para rememorar el triste fin que en vida tuvo la Telésfora.La Telesita tiene ciertos puntos de contacto en lo que se refiere a la posibilidad de culto y ofrendas, de rescatar lo perdido, con el Negrito del Pastoreo, el Alma del Quemadito y la Difunta Correa en nuestro país, con el Sacy Perere en Brasil y el Señiles de Panamá.

EL "GUALICHO"



Gualicho
Gualicho deriva de Hualichú, palabra araucana, que significa “alrededor de la gente”. Es una deidad maléfica parecida al diablo cristiano, razón por la cual fue fácil para los misioneros, asociarlo con el demonio
La imaginería popular al igual que las religiones organizadas y administradas convenientemente, han creado para sus Dioses una serie de símbolos y también ha ideado ritos que adquieren características litúrgicas. Quiero aquí rescatar la importancia del conocimiento de los mitos llamados paganos, porque en ellos está implícita la idiosincrasia y la estructura cultural de quien los asume como verdaderos. Es conveniente remarcar esto porque muchos sectores “cultos” restan importancia al conocimiento de las manifestaciones culturales espontáneas de amplios segmentos sociales argentinos. Lo popular, no necesariamente es inculto.

En la cosmogonía americana siempre el mal estuvo representado en algún símbolo muy temido. Un ejemplo claro es el Walichú ó Gualicho a quien no se esquiva, por el contrario, se le rinden tributos para aplacar su espíritu levantisco. La representación del mal tiene distintos nombres según la región donde se la conozca. Para los Tehuelches Háleksem había nacido en las Sierras de Tandil y desde allí el espíritu maligno extendió su mal a toda la Patagonia, para traerles todo tipo de sufrimientos. Especialmente roba niños y asusta a las mujeres razón por la cual viejos tehuelches dicen que Gualicho en realidad era una diableza. Establecido al sur del Río Colorado recibió distintos nombres: Huecué para los Mapuches, Halpén para los Onas, Háleksem para los Tehuelches, Ieblon para los patagones.
Algunos sitios sagrados también recibieron esta categorización, es decir creen que son las moradas de Gualicho. Tal vez por eso le ofrendan piedras de colores o rasgones de sus vestimentas al árbol maldito (un viejo caldén) solitario y seco que está a la vera de una de sus transitadas sendas. Igual tratamiento reciben la Piedra del Collón Curá, La Piedra Saltona de Cajón Chico, las estribaciones del Cerro Yanquenao, la Cueva de las Manos, el Cañadón de las Pinturas. Creen los sureños que en esos lugares acecha Gualicho mimetizado en sendas, travesías, piedras, vientos interminables o árboles secos. Fuera de las ofrendas comunes a los santuarios “paganos” de la Patagonia, para no despertar la ira del genio del mal, no se canta durante la noche, no se usa sombrero dentro del rancho, se evita el humo del molle. Llevan consigo como protección amuletos fabricados por las Machis (hechiceras), cintas rojas, cabezas de ajo, ramas de ruda macho, lociones fabricadas con hierbas especiales o le encienden velas(esto último luego de la irrupción del cristianismo).
Gualicho es invisible y no se le asigna una forma definitiva. Se le atribuyen todos los males y desgracias. Cuando se sentían amenazados por una enfermedad o un peligro cualquiera, los hombres buscaban sus armas y montaban a caballo para partir en busca del Gualicho. Prorrumpían entonces en gritos desaforados y arremetían contra esta deidad incorpórea, echando al aire furiosos tajos, estocadas y golpes con la esperanza de acertarle. El propósito era alejarlo de las tolderías, por lo que sólo dejaban la ceremonia cuando creían haberlo conseguido. Este ser gusta de introducirse en las mujeres viejas, las que engualichadas padecen todos los males imaginables, razón por la que antiguamente se les daba muerte. Además de dolor de cabeza y vientre, produce ceguera y parálisis en las piernas. Antiguamente para quedar bien con él, sacrificábanle periódicamente yeguas, caballos, vacas, ovejas o cabras.
Es común que en estos tiempos modernos (hablamos del año 2004) que se confunda gualicho con amuleto. Está muy arraigada en el norte argentino, la creencia de que los amuletos que preparan especialmente los imagineros guaraníes se llaman payé o Gualicho. Nada tienen que ver ambos. El payé es una preparación realizada para conseguir determinados resultados de manera sobrenatural, con ayuda del más allá. Por ejemplo el amor de una mujer, suerte en el juego, protección contra la yeta, los enemigos o los malos espíritus. Cuando se dice que alguien está engualichado, no significa que actúa bajo la influencia del amuleto, sino que en su interior está metido el genio del mal patagónico Gualicho. La poca información sobre las cuestiones folclóricas facilita la confusión. Todavía se cree en todo el país que es folclorista quien canta, toca la guitarra u otro instrumento, o baila danzas tradicionales.
Esta confusión es fácil de detectar. Por ejemplo, nuestros paisanos habitantes al sur, al norte y oeste de Presidencia Roque Sáenz Peña hablan de hombres engualichados cuando el amor por una mujer es insobornable. Las mujeres que todo perdonan a su hombre están engualichadas. El estado de éxtasis no les permite ver la realidad, (cuando son engañados) y es cuando se sospecha del embrujo. También se hace gualicho para producir “daño” al enemigo, o simplemente para despertar la admiración del sexo opuesto.
Estos amuletos tienen distintas formas y funciones. Se lo lleva oculto entre las ropas, colgados a manera de medalla, colocados debajo de la piel, como anillo, se toman determinados brebajes o se espolvorea el interior de los calzados con polvos mágicos antes de iniciar un viaje o tarea. Siempre debe estar el oficio de hechiceros que conocen los secretos transmitidos a ellos por los más viejos los viernes en luna llena o vísperas de San Juan, preferentemente a las doce de la noche. Los únicos que conocen la forma de comunicarse con las fuerzas del bien y del mal son ellos, por lo tanto sin su concurso no hay payé o gualicho posible. Algunos simplemente son portados, otros en cambio necesitan de oraciones para activar sus poderes y éstas la mayoría de las veces son tomadas de la liturgia católica.
Gualicho deriva de Hualichú, palabra araucana, que significa “alrededor de la gente”. Es una deidad maléfica parecida al diablo cristiano, razón por la cual fue fácil para los misioneros, asociarlo con el demonio.

LA "LUZ MALA"



La Luz Mala
La Luz Mala, Fuego Fatuo, o Farol de Mandinga es una de las creencias populares más arraigadas en el norte argentino. Finalizada la conquista territorial y espiritual de esta parte de América a mano de los españoles, las huellas que dejaron son indelebles, y este se verifica en la conformación de muchas leyendas que circulan aún la actualidad. En cuanto a la Luz Mala, dicen se trataría de antiguos tesoros en oro y plata perdidos por los conquistadores, cuando fueron asesinados en emboscadas por los nativos. Esos bienes se enterraron producto de la erosión, o simplemente fueron escondidos por sus dueños, cuya ubicación algunos afirman conocer, tejiéndose cuentos del tío victimando a cándidos paisanos. En el noroeste argentino, afirman que las luces son los brillos del metal dirigidos por las almas de sus antiguos dueños, que intentan atemorizar a quien acierta a pasar por el lugar donde está ubicado. Se afirma que el día de San Bartolomé (fecha en que el diablo no tiene la vigilancia de los ángeles) es el propicio para descubrir el lugar de ubicación de un "Tapado" (Tesoro) Ese día Satán busca almas ingenuas que se aventuren movidos por la codicia a esos lugares. Indudablemente el miedo a la muerte, y la concepción religiosa del mal, generan en la intimidad del pensamiento estas fabulaciones.
En nuestra provincia, esos avistamientos de luces serían almas en pena, que buscan contar sus cuitas a quien quiera escucharlos, pidiendo eleven oraciones que ayuden a obtener el perdón divino. Por supuesto que producen terror a quien la divisa. En las regiones central y sur del Chaco son moneda corriente las historias de apariciones de Luces Malas. Incluso yo he tenido la oportunidad de observar su presencia, de distintas formas, experiencia que resume todo lo referente a esta creencia. Es decir nunca fui molestado, ni observé extrañas formas o ruidos. Escuché relatos de golpizas, de asustar cabalgaduras, de frenar violentamente los biciclos, y floridas especulaciones respecto de contratiempos sufridos a causa de la luz. Quizá se deba a algún sentimiento de culpa muy íntimo, que actuó sobre la psiquis del paisano instalándose en su sector consciente, una ficticia experiencia de castigo por la falta que carga.

La explicación más corriente a este fenómeno real, es el de creer que se trata de gases fosforescentes generados por la descomposición de huesos o metales nobles. Serían gases con esa propiedad física, que por tener una densidad distinta al aire que lo contiene no adopta su forma, aglutinándose en forma de bolas, y por su peso específico infinitesimalmente distinto al aire de la atmósfera, serían movidos por la menor brisa. Nuestro organismo no siempre percibe el movimiento de la masa de aire, lo que explicaría el movimiento de traslación del fenómeno. También nuestro territorio fue surcado por españoles portadores de cargamentos de metales preciosos traídos del sur del Imperio Inca. Además podría haber acumulación de huesos de animales producto de sequías, o de cementerios de nativos. Todas especulaciones de dan fuerza a la creencia de la descomposición de estos elementos, como generadoras de la Luz Mala.

EL POMBERO



Duende guaraní que nada tiene que ver con la idea cristiana del demonio. Es un asustador característico del área guaranítica, desde donde se expandió a toda la Argentina, llevado de la mano de la constante migración de correntinos y paraguayos, principalmente. La creencia está fuertemente arraigada en Misiones, Corrientes, Entre Ríos, sur de Brasil y Paraguay.

Se dice que es una enano robusto, velludo, con brazos tan largos que los arrastra, manos desmesuradamente grandes, piernas cortas rematadas con enormes pies mirando hacia atrás (para desorientar a quien lo rastrea), no tiene “coyunturas”, es decir articulaciones del codo y rodilla, lo que hace que sus movimientos sean torpes y grotescos, usa un gran sombrero de paja, y anda sin ropas, aunque su miembro viril enorme es tapado por la profusa barba que le llega hasta el suelo.
ElPomberito gusta muchísimo del tabaco y la miel. Además puede ser amigo o enemigo del hombre, según la conducta de éste. Su función primordial es la de cuidar del monte y los animales salvajes.
Se enoja muchísimo si algún cazador mata más presas de las que consumirá. Si eso ocurre se transforma en cualquier animal o planta y con argucias induce al infractor a internarse a lo profundo de la selva donde se pierde. Lo mismo sucede con el pescador, o aquel que corta árboles que no utilizará. Su presencia no siempre puede ser advertida, porque la capacidad de metamorfosearse, hace que vigile subrepticiamente la conducta de los hombres.
Como es muy lascivo, acecha a las mujeres, especialmente a las que no han sido bautizadas para poseerlas, y viola a aquella esposa que públicamente pone en tela de juicio la virilidad de su marido. Algunos investigadores han recopilado la creencia de que el Pombero puede preñar a las mujeres, solo apoyando el dedo en su vientre. Esto ocurriría si la dama solitaria, sin bautismo, al ser visitada en la noche por él, no le invita tabaco, miel o cigarrillos. Quizá, de esta manera inocente e ingenua, la cultura guaranítica explica los nacimientos extramatrimoniales, hecho muy repudiado en estos núcleos sociales.
Si el Pombero es enemigo, se está expuesto a innumerables peligros dentro del bosque, porque siempre con engaños intentará perderlo en la espesura. Algunas veces provoca extraños accidentes dentro de los ranchos, como por ejemplo que se cierren solas las puertas, o caigan utensilios de la cocina, misteriosamente. Los que están enemistados con el duende, en las noches, suelen escuchar pasos y voces en los alrededores del rancho, como si alguien caminara por el patio en las noches.
En cambio si es amigo, pueden obtenerse grandes ventajas, puesto que él, de manera invisible guiará al cazador hasta el lugar donde se hallan las presas más grandes y gordas, la buena pesca o los mejores frutos silvestres que sirven de alimento. Para ganarse su amistad, es necesario dejarle cada noche, durante treinta días sin interrupción, detrás del rancho, potes de miel, tabaco o cigarrillos, alimentos que le gustan muchísimo. Además, nunca debe pronunciarse su nombre en voz alta dentro de la casa, porque esto lo enoja.
El Pombero nada tiene que ver con el Diablo. Esta es la concepción cristiana del mal, por lo tanto no debe asociarse al duende guaranítico con Satanás. La lujuria, característica común a ambos entes, está presente en todas las civilizaciones. A Lucifer no le preocupa el equilibrio ecológico, porque realiza el mal por el mal mismo. Digo esto, porque cuando el sonado caso de la supuesta aparición de un Pombero en el Barrio Santa Teresita de Presidencia Roque Sáenz Peña, en ocasión de entrevistar a la joven que afirmaba haberlo visto y sido golpeada por él, advertí la presencia de mujeres munidas de Biblias, representantes de un culto evangélico del barrio. Como se negaron a hablar conmigo, no pude intercambiar ideas con ellas. Esta actitud, culturalmente irresponsable, crea mayor confusión en cuanto a la interpretación de la mitología popular. Porque la mujer no estaba poseída, según la concepción del cristianismo, estuvo simplemente bajo los fuertes síntomas de una histeria, provocada por el temor hacia el Pombero, inculcado desde niña en su hogar. Si esas mujeres hubieran conocido nuestra cosmovisión, seguramente no hubieran confundido con tanta liviandad conceptos tan dispares.

Entre los araucanos hay también un “Pombero” llamado Peukén que persigue a las mujeres. Es igualmente un duende bajo y lascivo que pertenece a las regiones boscosas de los hacheros de Chile.Como San Antonio y el Negrito Pastorero del folklore del Brasil, el Pombero interviene también en la búsqueda de los objetos perdidos, por eso se oye decir: - ¡Pomberito, Pomberito se me haces encontrar, (aquí el nombre del objeto perdido) yo te ofrezco tabaquito!- Esta promesa debe ser cumplida para evitar que el Pomberito se enoje, ya que su disgusto es de cuidado. El nombre guaraní del Pomberito es Cuarahí Yara o Dueño del Sol.
El origen del nombre, quizá lo encontramos en el sur del Brasil, donde se llama “Pombeiro” al que espía. Igualmente nuestros aborígenes pampas llamaban “Bombero” al que marchaba en las líneas de avanzada, reconociendo el terreno, antes y durante los malones. Por su actitud de acecho, quizá Pombero derive de estas fonías

EL LOBIZON



Animal Mitológico que surge de la transformación de un ser humano en un perro negro, grande semejante a un lobo.

La creencia de la transformación del hombre en animal es antiquísima. Herodoto registra historias recogidas en sus viajes, sobre un pueblo que en determinada época del año se transforma en lobos. Cuando Sebastián Gaboto toma contacto con aborígenes guaraníes en las cercanías de la actual Itatí, su cronista anota la conversión de hombres en tigre. La acción de los jesuitas en el mundo guaraní, dejó profundas huellas en la cultura desarrollada después de su partida. Estos misioneros, disfrazaron muchas creencias nativas con ropaje religioso para facilitar la transferencia de la nueva doctrina.
Entonces, determinados valores o reglas sociales eran transmitidas como tabúes, relatando historias fantásticas. Si nacían 7 hijos varones, seguidos, el último sería maldito, transformándose en lobo o perro los días viernes a la medianoche. Si el séptimo hijo era mujer, esta sería bruja. En estas fabulaciones, que llegaron a nuestros días con pocas variantes, Dios castigaba a los transgresores de la regla, condenándolos a sufrir horrendos castigos.
Dicen nuestros paisanos, que el hombre lobisón, los días sábado tiene apariencia macilenta, que sufre fuertes dolores de estómago, que su olor es insoportable. Es que el viernes a la noche vagó por los basurales, se revolcó en las osamentas, comió carne podrida, engulló algún niño sin bautizar, y atacó a cuanto caminante encontró, largando fuego por los ojos y la boca. Los que afirman haberlo visto en mi provincia, dicen que es un perro negro, grande, sin cabeza, o si la tiene luce una oreja cortita y una larga hasta el piso, que arrastra cadenas. Produce tanto terror su presencia, que los perros gimen y se esconden al solo olfatear su presencia. Los lugareños cuidan que el Lobisón no pase entre sus piernas, porque de esa manera, les transfiere la maldición. No debe atacarse al Lobisón, porque no muere, y luego la venganza es terrible. La única manera de eliminarlo es utilizar una bala bendecida, o hacerle una muesca en forma de cruz en la punta.
En las pequeñas poblaciones, cuando una persona es rechazada socialmente, se le endilga la maldición de ser Lobisón. Esto es causa de marginación sin vueltas. Las incontables historias acerca de este ser maldito, dicen por ejemplo que al momento de transformarse, el hombre siente fuertes dolores de estómago, comienza a revolcarse dando siete vueltas al derecho y siete vueltas al revés. Mientras va girando sobre su cuerpo reza de ida 7 credos al derecho y al volver 7 credos al revés. Luego sale a atacar, primero a sus enemigos y luego al que encuentra. La reacción de los pobladores ha sido tan violenta en el pasado, que llegó a lincharse a personas inocentes. Para frenar esa paranoia, en nuestro país se estableció el padrinazgo presidencial de todo séptimo hijo.

LA MADRE MARIA

"La Madre Maria"  .....
Este culto me toca muy de cerca...cuando era chica , vivi mis primeros años entre Buenos Aires y Misiones.
Estando en Bs. As , cuando tenia cerca de 8/10 años, mi abuela (que tambien habia nacido en el mes de Octubre, como Maria Salome)  me llevaba al cementerio de la Chacarita , ella era devota de la Madre Maria, tambien lo habia sido su madre, o sea mi bisabuela , ambas nacidas en España. Mi bisabuela llevaba a mi abuela cuando era chiquita de la madre Maria, para que la ayude en una enfermedad que tenia en los huesos.  Recuerdo que llegabamos a la boveda de la Chacarita, y  habia que "tirarle" claveles y decian que si ella lo sostenia en su mano (la mano del monumento) los deseos se cumplian....
Soliamos llevarles muchos claveles rojos, mi abuela me decia : pedile que siempre te de  salud ....
y yo me acercaba a la puerta de la boveda y le pedia, le dejaba mi clavelito rojo y despues de un ratito que le rezabamos, nos ibamos....
Al cabo de algunos años, cuando me inicie en el espiritismo, lo hice en un templo Kardeciano donde la Hermana amor, como la llamaban a la fundadora del templo,  era devota de la Madre Maria y Panchito Sierra.
Pasaron muchos, muchos años, al dia de hoy y sigo yendo al cementerio de la Chacarita, donde descansan algunos de mis seres queridos, y siempre voy de la Madre Maria, y tambien de la hermanita Irma su seguidora....

Foto Histórica de la Madre María, la pequeña marcada con la flecha era la Hermanita Irma




 María Salomé Loredo y Otaola era de familia vasca. Había nacido en España en un pueblo de Castilla la Vieja el 22 de octubre de 1854. Como consecuencia de la guerra carlista, la familia Loredo se traslada a la Argentina en 1869 y se instala en Saladillo donde continúan con sus labores campesinas. A los 19 años se casa con José Antonio Demaría, político y terrateniente de la provincia de Buenos Aires. María Salomé frecuenta reuniones donde alterna con Roca, Juárez Celman, Alsina, Mitre, Pellegrini e Yrigoyen, entre otros.

Queda viuda a los 23 años, vuelve a casarse a los 28 con Aniceto Subiza, hombre de sólida fortuna. En 1881 enferma y es desahuciada por los más importantes médicos de su época, al parecer tenía un tumor maligno en un pecho. Una amiga le aconseja visitar a Pancho Sierra y, a pesar de lo largo y molesto del viaje, va a "El Porvenir", estancia de la localidad de Salto, en la provincia de Buenos Aires.

La tradición cuenta que su vida cambia radicalmente a partir de un encuentro con Pancho Sierra. María Salomé lo consulta por su enfermedad y Don Pancho la cura y le dice "No tendrás más hijos de tu carne, pero tendrás miles de hijos espirituales. .No busques más, tu camino está en seguir esta misión."

Después de la muerte de su segundo marido comienza una nueva vida dedicada a los necesitados. En 1891 recorre los conventillos y barriadas pobres ayudando a quienes lo precisaban: reparte bienes, consigue trabajos, resuelve problemas y predica sencillos sermones cristianos en la sala de su casa de La Rioja 771. Comienza a ser conocida como "La dama del manto negro" y había adquirido tanta fama que su casa empieza a llenarse de gente. Transforma la sala en una especie de templo -con unos bancos, algunas imágenes- y predica el Evangelio vestida con una túnica blanca. Sus palabras atraían a gente desesperada, a enfermos en busca de un milagro y a quienes necesitaban consejos, y a una multitud de curiosos.

En noviembre de 1915 deja la casa en Buenos Aires y se radica en Villa Turdera en el hogar de la familia Bisighini para difundir su doctrina pero luego se mudó a una casilla de maderas y chapas. Predicaba austeridad, ascetismo y consideró que su vida debía ser ejemplo de sus palabras. La Sra. Deodina de Bisighini hace construir una sala de conferencias en la calle 9 de julio 720 en Villa Turdera y allí se desarrolló la Misión. Los numerosos adeptos que asistían a escuchar sus prédicas hicieron que la Madre María nombrara "apóstoles" que más tarde serían sus continuadores. Los templos desarrollaron una intensa campaña de ayuda solidaria, y eran un lugar de prédica y de recogimiento espiritual.

En julio de 1928 reunió a sus discípulos en el templo de Parque Patricios y anunció su próxima muerte. Ésta se produjo el 2 de octubre de 1928 en Temperley y en esa ocasión La Nación escribe "La gente hallaba en la elemental taumaturgia de la Madre María lo que la ciencia no puede ofrecer y la religión se niega a dar".

Su muerte registra una de las grandes manifestaciones de dolor popular. Los diarios dedican largas notas a la Madre María. Tanto La Nación como La Razón de ese día destacan la singularidad de este personaje que ubican en una jerarquía mayor que la de una simple curandera, un especie de refinamiento dentro del oficio, una aristócrata de las videncias. Una multitud la veló en su casa de Turdera y acompañó el féretro a través de la ciudad hasta el Cementerio del Oeste (Chacarita). Fue un verdadero duelo cívico.

Todos los días los fieles le llevan ofrendas florales (especialmente claveles blancos y rojos). Los días de concurrencia masiva son el 2 y el 22 de cada mes, el día de la Madre y el día de los Fieles Difuntos. Actualmente no está "desbordante de flores" como solía estar en otras épocas.

CEFERINO NAMUMCURA



Ceferino Namuncurá


La devoción a Ceferino Namuncurá, a nivel popular, es una de las mas importantes de la Argentina ya que se ha extendido por todo el país. Para ello juegan, en primer lugar, su condición de aborigen, su bondad, su inteligencia y también su muerte, acaecida lejos del país, cuando contaba poco más de 18 años.Nació en Chimpay, en el valle del Río Negro, el 26 de agosto de 1886. Era hijo de Manuel Namuncurá y una cautiva blanca chilena, Rosario Burgos. Pero ya el cacique Manuel era una sombra de su pasado de lanzas, malones y orgullo. Su infancia en el áspero escenario patagónico no puede sospecharse que haya sido muy feliz. Los padres salesianos, Monseñor Caglieto y Padre Milanesio, obtuvieron el permiso de sus mayores para educar al pequeño, a quien sin duda dejaron partir con mucho pesar. Así pasó por el Colegio Pío IX, en Buenos Aires, en 1897, y por Viedma en 1903.Una cruel enfermedad, la tuberculosis que en esa época hacía estragos, obligó su traslado a Italia, donde estuvo atendiendo su salud física al mismo tiempo que se preparaba en el orden religioso católico. Su devoción crecía y su salud decaía, hasta que en 1906 un 11 de mayo, muere. Sin duda, junto a su nuevo Dios, los dioses tutelares de su raza, habrán iluminado su postrer instante de vida.Sus restos regresan al país en 1924 y reposan en Fortín Mercedes provincia de Buenos Aires, no muy lejos de Bahía Blanca, hacia donde peregrinan muchos fieles para solicitar su intercesión y cumplir promesas con exvotos de ofrenda, los que se multiplican en diversas formas en todo el territorio nacional.

PANCHO SIERRA



Pancho Sierra


Famoso medium de la provincia de Buenos Aires, conocido también por El Gaucho Santo de Pergamino. Nació en el año 1831, siendo sus padres don Francisco Sierra y doña Raimunda Ulloa. Considerado como un medium de poderes excepcionales, se refiere que ha hecho numerosas y difíciles curaciones que le han dado prestigio y fama, no sólo en la mencionada provincia, sino en caKsi todo el país, rindiéndosele hoy culto a su memoria en el cementerio de la localidad bonaerense de Salto, donde descansan sus restos y en el que se ha levantado un mausoleo, frente al que se congregan verdaderas multitudes determinados días del año, pero especialmente el 4 de diciembre, día de su muerte, acaecida en 1891.En su estancia de "El Porvenir", situada en los lindes de Rojas y Pergamino, acudían enfermos y desahuciados morales par obtener su mediación, cosa que hoy se hace frente a su tumba, porque los poderes de Pancho Sierra existen aun después de su muerte física, según dicen los que no han perdido la fe en él.Curaba generalmente con agua magnetizada o por medio de la sugestión; pocas veces lo hacía por la imposición de las manos, pues por lo general él ya conocía, desde que el enfermo detenía su coche o carreta en que iba, cuál era su mal, y así se ha visto el caso de que a un enfermo paralítico, desde el corredor de su casa donde estaba tomando mate le gritara, como a treinta o cuarenta metros de distancia: "¡Baje, amigo!", a lo que le contestaron quienes lo llevaban: "Señor, no es posible que lo haga, pues se trata de un tullido de las piernas, que hace mucho tiempo no puede valerse de ellas". Pancho Sierra respondió: "¿A qué lo han traído, pues?". "A que usted lo cure", le contestaron. "Bueno, entonces si quiere que yo lo cure, que obedezca el enfermo". Enseguida volvió a gritar: "¡Paisano, bájese y venga corriendo!". "No puedo, señor". "Sí puede, amigo, sí puede. Haga la prueba y verá". El enfermo empezó a hacer fuerza para obedecer a la orden y poco a poco se vio que el hombre movía los pies. Pancho Sierra, siempre con el mate en la mano sentado en el corredor, lo alentaba diciendo: "¿No ve, so mañero, como puede?. A ver, haga otro esfuercito". Y así, después de un rato, el hombre pudo bajarse del coche sin ayuda de nadie y llegar a donde estaba Pancho Sierra.Casos como éstos se cuentan por centenares y ello explica esta devoción popular.Sin ninguna duda, Pancho Sierra concitó el fervor de mucha gente de Rojas, provincia de Buenos Aires, que en todo momento pone de relieve su adrmiración y respeto por él. Pero la mayoria de los que se titulan discípulos de Pancho Sierra no son tales, sino simples explotadores, gente sin oficio y sin beneficios, que sólo se propone vivir a costa de la credulidad general, dicen algunos.

Gauchito Gil

La maldicion del Gauchito Gil

Machera el santo malandro

Maria Lionza